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En defensa del comercio

28 de marzo de 2017.
Cumbre Global de Materias Primas del Financial Times.
Discurso de Dave MacLennan, presidente y CEO de Cargill.

Quería estar hoy aquí, porque estamos en un momento crucial en la historia global. Como líderes en la industria de las materias primas, este es el momento en que debemos hacer una fuerte defensa del comercio.

En Cargill, creemos que el comercio responsable mantiene nuestro sistema global de alimentos conectado. Cada día, 150,000 empleados de Cargill en 70 países trabajan para nutrir al mundo de una forma segura, responsable y sustentable. Por más de 150 años, hemos hecho alianzas con productores pequeños y de gran escala para movilizar alimentos alrededor del mundo a los lugares más necesitados. Nuestro alcance nos permite impulsar los beneficios del comercio global desde la cadena de suministro hasta las comunidades rurales en todo el mundo.

Ese amplio mundo es de importancia crítica.

  • El comercio provee a las naciones las materias primas esenciales, servicios y capital.
  • El comercio global se ha incrementado en más de 150 por ciento entre el año 2000 y el 2014 – creciendo de $4.8 billones a $12.2 billones de dólares.
  • Somos una empresa con sede en los Estados Unidos, pero sabemos que un tercio de las tierras cultivables de los Estados Unidos se dedican a la exportación; exportaciones que nutren personas en otros lugares del mundo.

Entendemos que todos nuestros destinos económicos y políticos están inextricablemente ligados. El éxito de nuestras empresas, nuestros empleados y del mundo dependen de que hagamos una defensa fuerte y colectiva a favor del comercio.

Así que hoy, quiero hablarles con franqueza sobre el comercio y la importancia de mantenernos conectados a nivel global, en un mundo cada vez más nacionalista.

  • Primero, hablaré de las brechas que necesitamos enfrentar.
  • Después, abordaré la forma en que podemos incrementar la confianza en el comercio.
  • Finalmente, esbozaré un camino que nos asegure mantenernos globalmente conectados.

Quiero ser claro. Estoy aquí hoy para hablar de políticas, más no de la política. Numerosos funcionarios electos en el mundo quieren trabajos y un mejor futuro para las personas que representan. Y nosotros queremos lo mismo.

Hoy, compartiré nuestras visiones sobre por qué el comercio ayuda a los países y a las economías a prosperar.

Entonces, primero hablemos de las brechas que necesitamos enfrentar cuando hablamos de comercio global.

Sabemos que el comercio no es perfecto y que sus beneficios no siempre se distribuyen equitativamente. Algunas personas sienten que el comercio está empeorando sus vidas, no mejorándolas, al ocasionar la pérdida de empleos e inequidad social. En la última década, 88 por ciento de los trabajos que se perdieron en manufactura en los Estados Unidos fueron atribuidos a las mejoras en las tecnologías de la información, la robótica y la organización. Esta es una dura realidad que enfrentan los trabajadores y sus familias.

Pero nuestra economía está creciendo y se estima que en la siguiente década se necesitarán cerca de tres millones y medio de trabajos de manufactura, y dos millones se espera no sean ocupados debido a la creciente brecha en materia de habilidades. El reto es que los trabajos de hoy no sean los trabajos de mañana. Esto ha sido consistente a lo largo de la historia. Necesitamos enfrentar inmediatamente estas brechas en las habilidades.

Como empresas, podemos hacer sólidas inversiones en la fuerza laboral del futuro, pero la política pública y el sistema educativo necesitan mantener el paso. Todos tenemos un papel para llenar las brechas de habilidades.

En Cargill, invertimos recientemente más de $100 millones de dólares en la conversión de una planta procesadora de carne de res, a una instalación que provea carne cocinada, para responder a la demanda de los consumidores. Esto fue una victoria para nuestros clientes y colaboradores. Significó detenernos por un periodo reducido de tiempo, pero nos permitió reentrenar a nuestros colegas en trabajos que serán vitales en el largo plazo. Reequipar y reentrenar no es fácil. Pero conforme nuestras sociedades se encaminan a la Cuarta Revolución Industrial, necesitamos encarar la brecha de habilidades para mantener la fortaleza de nuestros negocios y de nuestras economías.

También necesitamos enfrentar la brecha en la forma en que estructuramos los acuerdos comerciales. Hoy, hemos entrado a una nueva era en que los acuerdos comerciales no son solamente un conjunto de reglas de intercambio. Los acuerdos hoy sirven también como un fácil chivo expiatorio para una amplia variedad de retos sociales.

El comercio no es la razón por la cual tantos ciudadanos enfrentan dificultades en el mundo. Pero se ha convertido en una excusa conveniente. Percepciones erróneas son promovidas por igual, tanto por los defensores, como por los detractores del comercio. Las facciones a favor del comercio tienden a hacer promesas que van más allá de sus beneficios, mientras que aquellos que abogan por restricciones al comercio comúnmente culpan a las políticas de intercambio de una variedad de impactos sociales no relacionados.

La verdadera naturaleza del impacto del comercio recae en un punto intermedio. Necesitamos hacer un mejor trabajo explicando los beneficios del comercio al trabajador de planta en la región central de los Estados Unidos, así como al agricultor europeo.

También necesitamos ayudar a los encargados de crear las políticas públicas a demostrar que el comercio crea empleos e impulsa el crecimiento económico. Necesitamos ayudar a estos líderes a hablar a sus bases y construir una vida mejor para sus electores. En los Estados Unidos, esto significa asegurarnos de que nuestros líderes sepan que:

  • El comercio no está encargado de crear empleos.
  • Hoy, más de la mitad de los trabajadores de manufactura de los Estados Unidos dependen de las exportaciones.
  • Cerca de la mitad de todas las exportaciones de los bienes manufacturados producidos en los Estados Unidos se venden a 20 países que han eliminado barreras a través de los acuerdos comerciales.

En general, el comercio crea oportunidades económicas. Significa que familias en Asia paguen menos en los almacenes. También incrementa el ingreso, resultando en estándares de vida más altos para los agricultores de América Latina.

Además, los mercados de exportación son vitales para los productores agrícolas. El sector cárnico de los Estados Unidos es un ejemplo. La disminución de la actividad ocasionada por las reducciones en la demanda per cápita de consumo doméstico ha sido revertida por un continuo crecimiento en las exportaciones. En el otro lado de la ecuación, países como China han superado incertidumbres históricas en torno a las importaciones de alimentos. Se han convertido en importadores consistentes de soya.

Todo esto tiene sentido a través de los lentes de la economía comparativa. Pero tendemos a olvidar que no es sólo un tema económico. También se trata de sustentabilidad. Los agricultores en China no tienen el mismo acceso a la tierra y el agua que tienen los agricultores estadunidenses. Atender la creciente demanda global de proteína requiere del comercio si queremos un mundo más sustentable.

Pero el comercio, en sí mismo, no puede ser la única solución para todos los problemas sociales y económicos del mundo. No puede traer de vuelta negocios o empleos que se perdieron como resultado de una fuerza laboral menos costosa en el extranjero, o por causa de la automatización, tecnologías más eficientes, las cambiantes preferencias de los consumidores o los cambios poblacionales.

La respuesta a estos difíciles cambios suele venir en la forma de políticas o acciones comerciales restrictivas. Como sabemos, los Estados Unidos decidieron salir del Acuerdo de Asociación Transpacífico. Cargill espera que esta sea solamente una pausa temporal en la relación comercial entre los Estados Unidos y la región Asia-Pacífico. Porque cuando se restringe el comercio, los motores económicos se debilitan de ambos lados de la ecuación. Las protecciones hacen más daños que beneficios.

Las tendencias proteccionistas son cíclicas. Sólo necesitamos regresar al desafío económico más significativo del último siglo – la Gran Depresión. Conforme el desempleo escaló en la víspera de la caída de la bolsa de valores de 1929, los Estados Unidos adoptó una dura posición con respecto al comercio. Esto desató acciones que empujaron los costos de su propio infortunio económico, así como el de otras naciones. La Ley Smoot-Hawley incrementó los aranceles de cientos de productos importados en nombre de la protección de los mercados domésticos. Los socios comerciales de los Estados Unidos, de forma predecible, respondieron en consecuencia; contribuyendo a agudizar la reducción del intercambio que sólo ocasionó desventajas económicas adicionales. Las exportaciones estadunidenses cayeron y los empleos generados gradualmente desaparecieron.

No podemos permitir que se repitan los errores del pasado. Pero podemos apresurarnos para virar el péndulo histórico hacia el fortalecimiento económico por medio de una continua integración global.

Entonces, hablemos sobre cómo podemos reconstruir nuestra confianza en el comercio. Necesitamos sentar las bases para el futuro con tres pilares esenciales.

Primero, como se abordó antes, tenemos que ser honestos sobre lo que el comercio puede y lo que no puede hacer. Esto significa trabajar para restaurar la confianza pública en lo que el comercio puede realmente lograr, y disipar claramente cualquier expectativa poco realista que erosione esa confianza.

Segundo, necesitamos diseñar nuevas políticas, fuera de los acuerdos comerciales, que ofrezcan un camino de recuperación para aquellos trabajadores y familias que han sido lastimados por los impactos del comercio. De acuerdo con el Instituto Internacional de Economía, los Estados Unidos han ganado un billón de dólares de la globalización frente a los cerca de $50 mil millones de dólares registrados en pérdidas por ajustes. Debemos pensar cómo esta correlación de 20 a 1 en la proporción de costo-beneficio puede usarse para crear un nuevo paradigma laboral; uno que considere el cambio constante que acompaña a la tecnología, la automatización y la innovación.

Y tercero, es nuestra responsabilidad compartida defender el comercio porque es bueno para las personas y las comunidades. El comercio facilita la prosperidad y la paz al ayudarnos a estar conectados, compartiendo talento, ideas y mercados.

La historia nos ha demostrado que factores económicos negativos, muchos impulsados, total o parcialmente, por barreras comerciales, pueden contribuir a una gran agitación social y política. Puede hacer que las economías crezcan o revienten. Condiciones económicas severas, combinadas con otros factores sociales o políticos, pueden también llevar al extremo a los gobiernos y, en los peores escenarios, hacer estallar el descontento social. La pobreza y el conflicto fuerzan con gran regularidad a las personas a dejar los países que aman en la búsqueda por una vida mejor para sí mismos y sus hijos. Por lo tanto, las políticas comerciales de la mano del apoyo internacional y una sólida política de desarrollo son críticos.

La proliferación global de posturas comerciales del tipo “primero yo” amenazan con desestabilizar décadas de progreso y acuerdos negociados. Déjenme recordarles de un verdadero ejemplo global sobre cómo vemos que se cruza la protección comercial con el cambio climático, la seguridad alimentaria y la inestabilidad política.

En 2010, Rusia experimentó una ola de calor que registró las temperaturas más altas en 130 años. La ola de calor redujo en una tercera parte la producción de trigo de Rusia. Rusia estableció una prohibición a las exportaciones que impactó dramáticamente los precios. Un cambio de dos por ciento en el suministro global de trigo, llevo consigo un aumento de cerca de 60 por ciento en los precios en todo el mundo. En aquel momento, Rusia suministró a Egipto con la mayor parte de su trigo. El rápido cambio en el suministro llevó al incremento de los precios, y cuando se combinó con mayores tensiones políticas, se convirtió en uno de los factores que contribuyó a las protestas de la Plaza Tahrir de 2011.

Escenarios similares se han repetido en cerca de 60 países en la última década, derivando en distintos grados de inestabilidad social y política.

Cada día parece traer consigo noticias sobre otro país inclinándose hacia el proteccionismo económico. Los países voltean a ver sus instituciones y su postura hacia el comercio se vuelve más cautelosa, más enfocada hacia el interior y más inflexible. Un punto de vista tan negativo eventualmente lleva al rechazo de acuerdos económicos mutuamente benéficos en favor de pactos parciales.

Y entonces, sucede la onda expansiva conforme país tras país toma represalias con medidas similares. Esto daña a las economías mientras intentan depender de restricciones comerciales para ayudar o revivir a las industrias que están enfrentando problemas para permanecer competitivas. ¿El resultado? El mundo del comercio está atado con nudos.

Es por esto que la Organización Mundial de Comercio (OMC) es importante. Imaginen un mundo sin acuerdos multilaterales de comercio, uno que ha desembocado en una serie de negociaciones ad hoc en los que el comercio se vuelve una herramienta política a conveniencia. Imaginen materias primas críticas -petróleo, alimentos, metales y bienes manufacturados- usados como piezas de cambio a cada momento. Imaginen un mundo en el que la tecnología y las ideas no puedan cruzar fronteras. Es un mundo que ninguno de nosotros quiere ver, pero que se anuncia en la reciente reunión del G20.

Necesitamos usar los acuerdos comerciales y la infraestructura de la OMC para demostrar que el comercio multilateral abierto provee una red de beneficios económicos. Sí, el proceso puede ser mejorado, pero llevemos de vuelta a nuestros líderes a Ginebra para negociar en lugar de retirarse de la mesa.

Entonces ¿cuál es el camino a seguir y cómo podemos permanecer conectados? Esta no es otra pregunta retórica. El éxito de nuestras empresas, y el éxito de nuestros clientes, nuestros empleados y comunidades, depende de cómo respondamos.

Para alcanzar los beneficios completos de la economía global, esto es lo que Cargill hará:

  • Seguir adelante, no nos quedaremos marginados.
  • Estaremos en la mesa en cada oportunidad.

Defenderemos acuerdos comerciales comprensivos como el TLCAN, el TPP y otros. Hoy, una de cada 10 acres de las tierras cultivables de los Estados Unidos se utiliza para las exportaciones a Canadá y México. Hemos visto crecer las exportaciones agrícolas de ambos países de cerca de $9 mil millones de dólares cuando se firmó el TLCAN en los años noventa, a cerca de $39 mil millones de dólares en 2015. La producción y exportación agrícola y de alimentos también apoya más de 17 millones de trabajos de tiempo completo y temporales en el sector agrícola, empleando trabajadores de costa a costa.

Continuaremos apoyando fervientemente un sistema de comercio basado en reglas, y en el papel de la OMC resolviendo disputas comerciales entre sus miembros. Apoyar a la OMC no está en contra de mantener la soberanía nacional. Las naciones pueden decidir por sí mismas si cumplen o no con las decisiones de la OMC. El foro que representa la OMC permite que los países promuevan sus propios intereses, y hagan acuerdos en el contexto de un marco de comercio global más amplio.

Los invito a que todos apoyemos a la OMC en el espíritu de reciprocidad y beneficio mutuo establecido en el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio. Es nuestro trabajo proteger los progresos duramente ganados que se han obtenido en los últimos 30 años, y que aplican por igual a las economías de alto y bajo ingreso.

Seguiremos ampliando el diálogo con líderes que piensen de esta forma, así como con aquellos del otro lado de la mesa. Escuchando, aprendiendo y colaborando preservaremos lo que funciona del comercio y removeremos lo que no. También ayudaremos a crear acuerdos comerciales en los que los productores y consumidores vean y sientan los beneficios, tanto en casa como en el extranjero.

Finalmente, necesitamos construir un nuevo paradigma laboral. Los sectores público y privado deben invertir en educar a esta generación de trabajadores y la siguiente.

Necesitamos invertir en conocimientos que sirvan durante toda la vida de nuestros empleados para adaptarlos al constante cambio. Necesitamos comenzar pronto y fortalecer la educación en disciplinas importantes como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Por esta razón, sólo este año Cargill invertirá $13 millones de dólares en programas educativos que mejoren el acceso en estas disciplinas, y fortalezcan los programas de liderazgo para estudiantes en los campos de la agricultura y la alimentación.

Hagamos una defensa colectiva del comercio. Permanezcamos conectados globalmente y resistamos las recientes corrientes de proteccionismo. Enfrentemos las brechas y demos pasos tangibles en la construcción de un mundo más rentable, pacífico y conectado.

Gracias.
 

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